¡Oh Virgen María,
a Ti entregamos los y las jóvenes, en particular
aquellos y aquellas que tu Hijo llama a seguirlo más
de cerca. tú sabes las dificultades que enfrentan,
ayúdalos a pronunciar el SÍ a la divina llamada,
como respondiste Tú al Ángel. Atráelos
a tu corazón, para que puedan comprender contigo
la belleza y la alegría de la Respuesta que los pone
a vivir en la intimidad con el Omnipotente, para constituirlos
testigos de su Amor. Oh Virgen María, danos la alegría
de ver como el Amor que tu Hijo nos mostró hasta
la Cruz, es aceptado y anunciado, por tantos jóvenes
valerosos que entregan su vida como Cristo y para Él.
Amén
¡ HEME AQUI, SEÑOR
!
Señor, me has traido hastra aqui.
¿Tú sabes por qué?
Quiero y deseo que se haga en mi tu voluntad.
Quiero hacer mi entrega.
Como la hizo tu Madre y tambien la mía.
No estoy aquí por mi voluntad
Tú me llamaste desde el primer día
y aún antes de mi nacimiento.
Padre, me abandono en tus brazos.
Haz de mí lo que Tú quieras
Ha llegado el momento del salto definitivo en el vacío.
Ya no tengo por qué preocuparme,
solo quiero seguir tus pasos,
aceptar lo que me vas regalando
dándote gracias por tu fidelidad.
Pero, en este peregrinar,
me asalta muchas veces la tentación de ir y venir,
de rechazar un lugar donde echar raíces;
el miedo a comprometerme, al lanzarme en el vacío,
a abandonarme en tus brazos.
Soy sincero cuando digo que quiero seguirte,
que quiero cumplir, realizar la parte que me pides.
Si no la realizo, se quedará sin hacer y eso sería
terrible.
No por que yo sea importante,
o por que lo que haga sea extraordinario,
sino que por pequeño que sea,
es la parte que me pides.